Puede que con el tiempo vaya entendiendo
que el amor también es esto.
Es estar siempre con el corazón abierto,
perder el rumbo en cada decisión
valorar las pequeñas cosas
pegar patadas al pasado
conformarse con las sobras.
Es recordar cómo se pelean tus pestañas
y tus pantalones del pijama
tus parpados cerrándose en el desierto del sofá
las noches de pelea
los cigarros a deshoras
los autobuses
las prisas para verte otra vez
tu impuntualidad (y echarla de menos)
las excusas
los reproches.
Comprender que quererte también es recordar todo esto
y que me escuezan los errores
que seas más guapa cada día
y menos humana
que cada vez tu estés más lejos
y yo más cerca
de aquello que algún día pareció que podía ser
y que por unas o por otras nunca conseguimos.
Que quererte también es esperar que vuelvas
hasta que duela.
domingo, 27 de abril de 2014
miércoles, 2 de abril de 2014
vivir
Que las cosas se van es un hecho.
La primavera pide paso al invierno pero este se resiste a irse del todo.
Las maletas en la puerta parecen plomo en los párpados y en las noches travesías, túneles, sueños rotos en mitad de una noche que no acaba con el día.
Destroza el alma ver lo rápido que se llena de polvo la superficie de las historias que quedan atrás, vértigo el ánimo de limpiar con las manos llenas de desastre, cuando lo fácil es destrozar lo bonito que aún quedaba de un mundo hecho para dos.
Dejarse ir con el único pluscuamperfecto de la soledad de humo. De los lunes al sol. De las toallas secas y los huecos en la cama.
Dejarse ir por caminos que se retuercen, con el único objetivo de reanimar un corazón que se agota de latir.
Todo eso es vivir.
sábado, 29 de marzo de 2014
Quería llamaros
Hoy quería llamaros,
para decir que al fin os entiendo,
que hoy soy un poco más vosotras que yo,
entendiendo,
que aunque a duras penas conseguisteis ser razón en la inconsciencia,
y yo,
que tantas veces dije no a mi cabeza, y predominó lo demas
por fin conseguí verme por dentro.
Entiendo aquello de las despedidas,
y el fatídico instante
en que lo sufiente deja de ser necesario, para pasar lo necesario,
con inmensa rectitud,
a ser más que suficiente.
Me dió por comprender que tampoco yo fui sufiente,
y aunque a veces me creí el mejor,
ahora estoy mejor callado,
que sin mi todo parece más fácil,
sin necesidad de pensar en aquello de que lo raro cuando todo va bien,
y la vida sonrie (en un instance de verano permanente),
es que venga el cartero de los problemas,
con su puto inoportunismo puntual a la cita del ánimo quebrado,
de los bolsillos llenos de dudas,
de las fotos en blanco y negro desgarradas por el inevitable paso del tiempo,
a cumplir su cupo semanal de te quieros de porcelana.
Quería llamaros por que por fin ganasteis nuestro duelo,
y pude dejar de lado que me asusta la juventud de la mortalidad,
la pubertad de la libertad,
el amor adulto,
las maduras prioridades,
los desgastados folios en blanco de la vida,
y
pude dejar de lado que no soy nada sin el remite,
sin el cuarto de mitad que me basta,
sin las paredes salpicadas de necesidad sentimental,
sin todos los recuerdos que me torturan en ocasiones.
Quería llamaros por las deudas,
y las cicatrices mal curadas.
Quería llamaros porque os necesito...
y me alegro (no por mi) de que ya no queráis contestarme.
para decir que al fin os entiendo,
que hoy soy un poco más vosotras que yo,
entendiendo,
que aunque a duras penas conseguisteis ser razón en la inconsciencia,
y yo,
que tantas veces dije no a mi cabeza, y predominó lo demas
por fin conseguí verme por dentro.
Entiendo aquello de las despedidas,
y el fatídico instante
en que lo sufiente deja de ser necesario, para pasar lo necesario,
con inmensa rectitud,
a ser más que suficiente.
Me dió por comprender que tampoco yo fui sufiente,
y aunque a veces me creí el mejor,
ahora estoy mejor callado,
que sin mi todo parece más fácil,
sin necesidad de pensar en aquello de que lo raro cuando todo va bien,
y la vida sonrie (en un instance de verano permanente),
es que venga el cartero de los problemas,
con su puto inoportunismo puntual a la cita del ánimo quebrado,
de los bolsillos llenos de dudas,
de las fotos en blanco y negro desgarradas por el inevitable paso del tiempo,
a cumplir su cupo semanal de te quieros de porcelana.
Quería llamaros por que por fin ganasteis nuestro duelo,
y pude dejar de lado que me asusta la juventud de la mortalidad,
la pubertad de la libertad,
el amor adulto,
las maduras prioridades,
los desgastados folios en blanco de la vida,
y
pude dejar de lado que no soy nada sin el remite,
sin el cuarto de mitad que me basta,
sin las paredes salpicadas de necesidad sentimental,
sin todos los recuerdos que me torturan en ocasiones.
Quería llamaros por las deudas,
y las cicatrices mal curadas.
Quería llamaros porque os necesito...
y me alegro (no por mi) de que ya no queráis contestarme.
lunes, 1 de abril de 2013
contención
Los humanos desarrollamos a lo largo de nuestras vidas una capacidad increíble de contención. La similitud de este acto hace parecer que el hecho de relatarlo resulte insultantemente rutinario, pero nada que ver.
La diferencia radica en la potenciación de aquello que cada uno quiere contener.
Prefiero pensar que lo mejor que podemos hacer es contener nuestras ganas de pensar que todo va bien, nuestra vagancia histórica emocional.
Prefiero imaginarme la situación actual como una chica de sueños alborotados de la que poder enamorarse cada día, alguien que tire por la borda la rutina y que le haga cortes de manga a los banqueros, a los políticos, a los pintamonas... al invierno.
Contención es vivir..
La diferencia radica en la potenciación de aquello que cada uno quiere contener.
Como ya ha quedado demostrado, en este país la mayor concentración de contencionistas (?) se encuentra en la clase alta, véase directores de este circo llamado sistema democrático monárquico capitalista español-europeo (y mundial, a menor escala).
Pero la contención de estos señores es repetitivamente conocida, y no viene al caso contemplar las miserias de quien tiene inexistentes contenciones sentimentales debido a la carencia más que a la imposibilidad.
Pero la contención de estos señores es repetitivamente conocida, y no viene al caso contemplar las miserias de quien tiene inexistentes contenciones sentimentales debido a la carencia más que a la imposibilidad.
Prefiero pensar que lo mejor que podemos hacer es contener nuestras ganas de pensar que todo va bien, nuestra vagancia histórica emocional.
Prefiero imaginarme la situación actual como una chica de sueños alborotados de la que poder enamorarse cada día, alguien que tire por la borda la rutina y que le haga cortes de manga a los banqueros, a los políticos, a los pintamonas... al invierno.
Contención es vivir..
(Pero contención es también lo que cada día hacen millones de españoles por no quemar el país y tirar abajo este estado del malestar)
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